Yo vengo a ofrecer mi cariño, es barato y creo que funciona si lo acompañas de respeto..
Cogí el ascensor, saludé al entrar, la chica guapa de los zapatos de tacón, ni me miró. La señora que parecía triste, no me escuchó. El que hablaba por el móvil, creo que ni me vio.
Por supuesto, nadie me contestó.
Pero no es mi problema, yo no tengo la culpa de que la gente no sea amable.
Seguiré sonriendo y dando los “buenos días “y con el tiempo tendré arruguitas risueñas en torno a los ojos.
P.B.
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