sábado, 6 de diciembre de 2014

Parafraseando

Erase una mujer a un gran culo pegada... y el tranvia no podía cerrar las puertas. En hora punta, vamos a nececistar empujadores, como en Japón, porque, ¿quien es el guapo que pone, gratuitamente, sus manos en esa mole que impide que las puertas se cierren? Nos miramos unos a otros, y miramos a la dueña del enorme pandero, que por fin se da cuenta y nos empuja, como puede, hasta introducir su culamen en el inexistente hueco, con lo cual apenas queda sitio para respirar; respirar oxígeno, porque no creo que solo en mi cabeza aterrice el terror de lo que pasaría si, ese enorme trasero, se pone a disparar pedos a diestro y siniestro, como una ametralladora de gases... ¡cielos, yo me bajo en la próxima!

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