miércoles, 31 de diciembre de 2014

Despedida

Hoy despedimos el año, y como rebeldía final, no pienso comer ni una sola uva, no después de hacerlo los últimos años y ver el resultado, ¿dónde está la buena suerte que las uvas prometen? Ya sé que las cosas siempre pueden ir peor, que lo de "peor imposible" es una frase absurda, que siempre hay que tragarse como un huevo podrido, pero yo antes nunca comía uvas, no me gustan, y he festejado las campanadas con gajos de mandarina, conguitos... cualquier cosa; de todas formas tampoco voy a buscar sustitutos, y lo más probable, por no decir seguro, es que antes de las doce esté ya en mi camita, al calor de las mantas, riéndome de los panolis que esten pasando frío en la calle para mantener viva una superstición. (Vale, también hay un poco de envidia, porque esos helados supersticiosos tienen con quien brindar y con quien compartir el frío, las uvas y el champán).

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