jueves, 23 de abril de 2015

Desde el sofá.

Ayer fuimos otra vez al campo, pero esta vez no me asusté, ya sé que no me van a abandonar, y disfruté del paseo, de la tierra, del sol, y del barro, porque no era agua donde me metí, era barro, pero claro, mi compañero se metió, y yo le seguí, me dejé caer en el barro y disfruté, pero ¿y salir? porque había mucha pendiente, y aunque mi amigo es ya viejo, tiene sus cuatro patas, y podía salir sin mucho esfuerzo, pero yo no podía, y las humanas me tuvieron que ayudar; luego disfruté remoloneando, y dejando que me ayudsen, pero se dieron cuenta, y hacían como que se iban sin mi, y aunque sabía que no era cierto, se me encogía el corazón al ver que se alejaban, y me levantaba y trotaba hasta ellas, las adelantaba, y me volvía a tumbar, hasta que me pasaban, una y otra vez, en un juego divertido. Que a gusto subí luego al coche, el otro gran invento de los humanos, y además mi humana está muy contenta, porque le han dicho que estoy mejor, y no me tiene que pinchar más, aunque no sé cómo hacerle entender que no me importa, que le duele más a ella que a mi. Bueno, me tiene que seguir dando pastillas, pero eso está bien, porque me las envuelve en choped, y alguna vez consigo tirarla para que me dé más choped, ¡qué adiestrables son algunos humanos!

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