martes, 17 de marzo de 2015

Petardos

A primera hora de la mañana, Valencia debe estar llena de personas maldiciendo a otras, a todas esas que van por la calle tirando petardos, despertando impunemente, sin importarles que no se hayan podido dormir hasta las cuatro porque otros de sus colegas también se dedican a poner la música a tope. Bueno, hasta ahí bien, pero ¿y el miedo que pasan los perros? Ellos ni siquiera maldicen, solo se esconden, aterrados ante los incomprensibles estallidos, o ladrando asustados para que se alejen... ¿y un perro cazador? Salma no debería tener miedo, debe estar acostumbrada a estallidos a su alrededor, y de hecho no se esconde, permanece pegada a mi, e incluso se ha meado en el pasillo, pero, ¿miedo a los petardos, o miedo a que el posible cazador venga a reclamarla, a devolverla a su anterior vida? ¿Se pega a mi para que la proteja, para que no deje que se la lleven de nuevo? Tranquila, Salma, "yo por ti, ma-to".

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