domingo, 15 de febrero de 2015

Un sueño

¿Cómo se le ocurría aparcar el coche en el mismo sitio en que habían asesinado a la chica? ¿No sabía que, a medianoche, su espíritu saldría para vengarse, en quien fuera? Y quería que le esperase en el coche, si sí. Como es normal, corrí para alejarme, mientras el cielo se oscurecía, tenía que salir de ese pueblo. ¡El autobús! Pero no llevaba nada de dinero, supliqué a la gente que me dieran algo, que me comprasen el billete, pero nada, y el autobús se fue sin mi. Habría unos 12 o 14 kilómetros, podría andar, y empecé a hacerlo, aunque pronto noté que no estaba muy en forma. Pasé por delante de un bar, y pensé pasar allí la noche, pero algo me dijo que no era mala idea, tal vez los largos colmillos del camarero, no sé. Seguí, y ví un viejo sentado en un banco, con su silla de ruedas eléctrica al lado, y la tomé prestada, pero iba cuesta abajo, y al fondo unos grandes cocodrilos me esperaban, y los evité por los pelos, casi derrapando. Regresé junto al viejo, y le devolví la silla a tiempo, pues su enorme nieto no ponía buena cara. Comencé a subir lo que parecía un atajo, pero se hacía cada vez más vertical, hasta que quedé suspendida, colgando de los brazos, y tuve que deshacer el camino, Luego... 
Sí, me parece que es cierto, veo demasiada televisión, y eso mata la imaginación, por eso tengo sueños tan vulgares y mediocres.

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