- Por favor, sea breve...
- Por favor, sea breve -dijo el entrevistador, ojeando furtivamente la hora en el reloj- ¿qué le hace pensar que es usted la persona adecuada para este puesto?
Frente a él tenía una muchacha bajita, de aspecto vulgar, casi fea, que, sin embargo, le miraba con un indescriptible aire de superioridad, lo que le llevó a suponer que debía tener un larguísimo y aburrido curriculum: varias carreras terminadas, cuatro o cinco idiomas, amplios conocimientos de informática, y numerosos cursillos cuya última finalidad sería la de hacerle llegar tarde a la cita con el presidente.
Sin embargo, la muchacha fue breve al contestar:
- Porque mi padre es el presidente.
Esto es lo que me gustaría que hiciérais: escribir, y comentar, lo que queráis, lo que os apetezca, y si posteriormente os parece bien que marquemos algún tipo de pauta, pues todo se andará, todo se hablará, y todo se escribirá.
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