domingo, 19 de diciembre de 2010

INCIDENCIAS DE UN VIAJE

       
   El pasado junio hice con unas amigas un viaje al Canadá del Este. Nuestro primer destino fue Toronto, y al adía siguiente a nuestra llegada efectuaríamos la visita a las Cataratas del Niágara. La salida estaba programada a las 8.30 de la mañana, por ello a las 8.00 ya estábamos desayunando para estar dispuestas, terminando éste Carmen se dirigió a la sala de ordenadores y yo a la habitación para recoger mochila y cámara fotográfica. Subo al tercer piso donde se encontraba la habitación y no la encuentro. Yo estaba segura del número de la habitación, el 306, por eso es difícil de explicar un estado y la sensación que sentía, era como estar fuera de la realidad, me parecía estar viviendo una película de ciencia-ficción. Me paseé por el pasillo, bajé, volví a subir y nada, la 306 “missing”. Ante este hecho decido bajar a la recepción, pues empezaba a dudar sobre estar buscando el número exacto de habitación. En mi deficiente inglés le explico al recepcionista lo que ocurre. Este consulta el ordenador y dice ¡of course you are here! No me toca las narices, ¡claro que estoy aquí! Delante de ti, pero la que no está es mi habitación; a todo esto los minutos avanzaban, yo sin habitación y si no espabilaba sin excursión. Le pregunto si habla francés, no, ¿alguien lo habla? Niega con la cabeza, pero de pronto me hace un gesto y se dirige a la estancia contigua, yo sin saber qué hacer, si esperar o mancharme, y el reloj tic-tac... tic.tac, vuelve el chico que me estaba atendiendo acompañado de una joven que sí hablaba francés, de nuevo le explico la historia y tras consultar con el ordenador me explica que el hotel tiene dos alas completamente separadas y yo había subido al ala equivocada, se ofreció gentilmente a acompañarme, pero al cruzar la recepción vi al grupo que se dirigía al autocar, le di las gracias apresuradamente y corriendo llegué a éste, les dije que subía a por la mochila y bajaba en cinco minutos. Esta vez encontré la habitación sin problemas, pero era tal la prisa que olvidé la cámara en la dichosa habitación.
            Pese a todo la excursión fue estupenda y las fotos que no pude hacer, las hicieron mis amigas que me las pasaron.
            En ningún hotel de los que siguieron perdí la habitación, lo cual no quiere decir que todo fuera “miel sobre hojuelas”. A nuestra llegada a Québec, tras una hermosa mañana pasada en el Parque Omega y una suculenta comida en la Cabaña de Azúcar, teníamos proyectado ir al Circo del Sol. El guía nos había hablado de él, e informado dónde y cuándo actuaban, y no nos lo queríamos perder, por ello acordamos que una vez depositadas las maletas en la habitación, nos encontraríamos en el rellano del ascensor una hora después.
            Ja... Carmen y yo llegamos a la habitación que nos habían asignado, intentamos abrir la puerta y nada de nada, cerrada a “cal y canto”. Ete de nuevo a Pilar recorriendo el laberinto de pasillos para llegar a la recepción y comunicar la imposibilidad de abrir la puerta. La recepcionista amablemente me pide las llaves (la tarjetita que ahora se usa) las codifica de nuevo y me las entrega diciendo que está solucionado, vuelta al laberinto de pasillos y al fin llego a la habitación en cuya puerta esperaba Carmen. Prueba ella, pruebo yo, y que si quieres “arroz Catalina”, cerrada a “maza martillo”. Rezongando vuelvo a la recepción donde dicen que mandarán una persona. Viene la encargada con su llave maestra, no se abre, el siguiente supongo que es el gerente, no se abre, el de mantenimiento, no se abre. Al final deciden que se tiene que cambiar la cerradura, y allí nos tienes en la puerta esperando.
            Al no encontrarnos en el rellano viene Marga a recogernos y ver que pasa, pues es la hora de ir a ver el Circo del Sol (nosotras lo veíamos más bien nublado), tras explicarle lo que sucede acordamos que ellas se fueran y ya nos veríamos allí (como si se encontrase en la esquina de casa). Cambiada la cerradura y tomada posesión de la caprichosa habitación, bajamos a la recepción, pedimos un plano de la ciudad, solicitamos que nos señalasen en él la forma de acceder al sitio donde actuaba el Circo del Sol, así lo hizo, y armadas con nuestro plano nos lanzamos a la aventura de localizar el emplazamiento indicado. El camino resultó fácil hasta llegar a una encrucijada de pequeñas calles, pero acertó a pasar por allí una señora que al preguntarle la dirección tuvo la gentileza de acompañarnos hasta muy cerca del lugar donde se desarrollaría el espectáculo. Después de una larga cola y espera, empezó éste. Al principio la lejanía (y un par de armarios) que teníamos delante no nos permitieron disfrutarlo debidamente, pero después como éste se efectuaba en movimiento lo presenciamos en primera fila. Como es de suponer, no encontramos en aquel maremagnum a nuestras amigas.
            Sin más problemas volvimos al hotel que esta vez nos pareció un poco más lejano al volver a pie, como la ida.
            La noche siguiente decidimos ir a dar un paseo y así aprovechar para fotografiar un tótem que había cerca del hotel. En ese lugar nos encontramos con un matrimonio cuya parlanchina señora al saber que éramos españolas nos contó sus viajes a España además de la historia del tótem. La charla se alargó y empezó a refrescar, por lo que Carmen decidió no continuar el paseo y quedarse en el hotel. Nosotras hicimos el proyectado paseo y una vez terminado regresamos al hotel. Entré sigilosamente en la habitación para no despertar a Carmen, pero al intentar entrar al cuarto de baño me fue imposible abrir la puerta; pensé que Carmen podía estar dentro, pues no había encendido la luz para no molestarla, miro su cama y la veo apaciblemente dormida, ¿qué pasa? Me pregunto, vuelvo a intentar la apertura, imposible, como es natural Carmen se despierta, le explico lo que acontece y que bajo a recepción. En el pasillo encuentro al chico que nos cambió la cerradura y le explico lo que sucede, dice que vendrá enseguida, así lo hace, con una especie de alambre abre el baño; parece ser que el pestillo se había cerrado con el impulso de la puerta.
            A todas estas Carmen se preguntaba si no se habría metido alguien en el cuarto de baño mientras dormía.
            Y aquí terminan nuestros problemas con los hoteles, que no impidieron que disfrutásemos plenamente de nuestro viaje.

                                    Pilar.

4 comentarios:

  1. ¿Veis que cosas más chulas se pueden escribir? Yo lo habría titulado: Colega, ¿dónde está mi habitación?
    Es un relato real, sobre las peripecias de nuestra amiga, y contado con un sentido del humor que seguro que allí no tenía (me hubiera gustado verla ladrando a los encargados, jeje).
    Gracias, Pilar, por dejarme publicar tu historia, y espero que no sea la única.

    ResponderEliminar
  2. Pilar, lo he leído y me he quedado con ganas de más. Me hubiera gustado que lo hubieras hecho mas extenso, pero si vas a otro viaje ya nos contarás el siguiente capítulo.

    LOLA

    ResponderEliminar
  3. Vaya par de graciosas, las proximas odiseas que ospase a vosotras, pues la compañera de las idem soy yo. Ja jaja.
    Buena suerte,
    c.l.f.

    ResponderEliminar
  4. Yo soy Marian y tambien fui a Canada con Pilar y os digo que a pesar de las peripecias de los hoteles lo pasamos muy bien y el viaje fue precioso el proximo os lo contamos y mejor os venis oky?

    ResponderEliminar

Entradas populares