Otra vez es Navidad, no se cansa de llegar año tras año, siempre fiel, el mismo día, a pesar de las protestas de la gente: "No me gusta la Navidad", "Odio estas fechas", "Solo tengo ganas de que se terminen" ¿Por qué? Nadie nos obliga a comprar regalos para otros, nadie nos obliga a ser felices, nadie nos obliga a hacer nada que no queramos, ni siquiera a asistir a esas inacabables cenas y comidas con la familia, pero todos los hacemos, y gruñimos morbosamente, como si nos colocasen una pistola en la espalda para obligarnos a sonreír... ¿Y si es la última? ¿Y si de verdad, el año que viene, no hubiera Navidad? ¡Seguro que la inventaríamos! Si cambiamos el equinoccio por el nacimiento de un niño, también podemos cambiar el nacimiento de este niño por cualquier otra cosa que se nos ocurra, solo para reunirnos, comer y beber, y regalarnos unos a otros regalos absurdos que no nos atreveremos a descambiar.El enemigo del escritor no es la piratería: es el anonimato (Tim O´reilly).
miércoles, 25 de diciembre de 2013
25 de diciembre...
... fun, fun, fun !
Otra vez es Navidad, no se cansa de llegar año tras año, siempre fiel, el mismo día, a pesar de las protestas de la gente: "No me gusta la Navidad", "Odio estas fechas", "Solo tengo ganas de que se terminen" ¿Por qué? Nadie nos obliga a comprar regalos para otros, nadie nos obliga a ser felices, nadie nos obliga a hacer nada que no queramos, ni siquiera a asistir a esas inacabables cenas y comidas con la familia, pero todos los hacemos, y gruñimos morbosamente, como si nos colocasen una pistola en la espalda para obligarnos a sonreír... ¿Y si es la última? ¿Y si de verdad, el año que viene, no hubiera Navidad? ¡Seguro que la inventaríamos! Si cambiamos el equinoccio por el nacimiento de un niño, también podemos cambiar el nacimiento de este niño por cualquier otra cosa que se nos ocurra, solo para reunirnos, comer y beber, y regalarnos unos a otros regalos absurdos que no nos atreveremos a descambiar.
Otra vez es Navidad, no se cansa de llegar año tras año, siempre fiel, el mismo día, a pesar de las protestas de la gente: "No me gusta la Navidad", "Odio estas fechas", "Solo tengo ganas de que se terminen" ¿Por qué? Nadie nos obliga a comprar regalos para otros, nadie nos obliga a ser felices, nadie nos obliga a hacer nada que no queramos, ni siquiera a asistir a esas inacabables cenas y comidas con la familia, pero todos los hacemos, y gruñimos morbosamente, como si nos colocasen una pistola en la espalda para obligarnos a sonreír... ¿Y si es la última? ¿Y si de verdad, el año que viene, no hubiera Navidad? ¡Seguro que la inventaríamos! Si cambiamos el equinoccio por el nacimiento de un niño, también podemos cambiar el nacimiento de este niño por cualquier otra cosa que se nos ocurra, solo para reunirnos, comer y beber, y regalarnos unos a otros regalos absurdos que no nos atreveremos a descambiar.
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