Cojo
el pequeño tridente neptuniano,
saeta
que atraviesa la aceituna,
arma
letal que pincha cada anchoa
y
la acerca a mi boca, una a una.
Tenedor
invicto en mil victorias
primo
de la cuchara y hermano del cuchillo,
descuartizador
de pollo y zanahorias,
manzanas
y membrillo.
Gracias
a ti, a mis dedos no llega
la
maculada grasa,
y
como, en perfectas condiciones,
dentro
y fuera de casa.
Si
no fuera por ti
comer
tendría guasa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario