El cóndor de los alpes descendió... y sobrevoló mi cabeza, burlando una y otra vez mi cámara de fotos, perdiéndose en la inmensidad del cañón que le da cobijo.
Es un placer para la vista observar la majestad del ilustre pájaro, y sin embargo algo en mi se rebela cuando todo el mundo intenta localizarlo, atraparlo con sus cámaras, ninguneando por completo al resto de los animales que circulan por allí, a los hermosos pajarillos que se acercan confiados, a las vacas y toros que lamen la sal de la montaña, a los simpáticos burros que trotan a nuestro alrededor, a los perros que mueven la cola buscando una caricia... ¿qué tiene de especial el cóndor? vale, es maravilloso, pero no menos que cualquier otra criatura, incluso esas pequeñas y temidas abejitas que murmuran entre las flores multicolores, e incluso esa extraña criatura que en ocasiones me observa del otro lado del espejo.
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